Sep
10
¿Un nuevo requisito en el enriquecimiento sin causa?
septiembre 10, 2010 | | Deja un comentario
La doctrina del enriquecimiento sin causa es frecuentemente alegada en las demandas, a pesar de la aplicación restrictiva que sensatamente nuestros tribunales hacen de la misma. La razón de esta cautela es fácilmente comprensible en la medida que a menudo esa doctrina es utilizada para modificar “in extremis” las consecuencias económicas de una operación o una situación que no se planificó adecuadamente.

Un buen ejemplo podemos encontrarlo en la STS de 23 de julio de 2010, en la que una sociedad exige el abono de casi un millón y medio de euros como consecuencia del incremento del valor que experimentó una parcela por razón de su aprovechamiento urbanístico obtenido por la actuación de la demandante, aunque sin conocimiento ni consentimiento de la demandada.
Como se subraya en la Sentencia, “se da la situación insólita de que la empresa demandante inicia una tramitación respecto a una serie de fincas y consigue una calificación urbanística beneficiosa y prescinde u olvida que una de estas fincas pertenece a un tercero, la actual demandada y parte recurrida en casación, que no aceptó, ni consintió, ni conoció aquella tramitación”.
La singularidad de la Sentencia, que confirma la desestimación de la demanda, no radica en la reiteración de los requisitos para la aplicación de la doctrina del enriquecimiento injustificado (tradicionalmente consistentes en el enriquecimiento de una persona; el correlativo empobrecimiento de la otra parte, como pérdida o perjuicio patrimonial; y la inexistencia de causa que justifique la atribución patrimonial del enriquecido, presupuesto que no se da cuando media una relación jurídica que la fundamente), sino en la adición de un nuevo elemento: “La persona que realiza la atribución patrimonial no puede hacerlo por su propia voluntad, a plena conciencia y sin conocimiento ni consentimiento de la otra. Es decir, los supuestos de enriquecimiento sin causa no comprenden el que se haga el desplazamiento patrimonial, sin causa, de un patrimonio a otro con plena voluntad del que lo hace y sin aceptación, ni siquiera conocimiento, de la persona que se beneficia. El enriquecimiento sin causa supone una subsidiariedad que implica la falta de causa que justifique la atribución patrimonial y si ésta se ha hecho a plena voluntad y a sabiendas por el autor, no puede luego ampararse en una falta de causa. Esta ha sido la voluntad del autor. Podría darse una gestión de negocios ajenos, lo cual no ha sido planteado en la instancia ni alegado en casación, pero un enriquecimiento producido por la voluntad unilateral de una parte, no puede ampararse sino en su propia voluntad, no en una falta de causa que luego le permita dirigirse contra el que se ha beneficiado que nunca prestó su consentimiento y ni siquiera hubo un conocimiento. Admitir lo contrario sería tanto como permitir a los sujetos hacer obras en supuesto beneficio de terceros que ni lo conocen y luego exigirles los beneficios”.
Al delimitar de este modo el ámbito del enriquecimiento injustificado y la gestión de negocios ajenos, el Tribunal Supremo conduce a que este tipo de demandas se fundamenten alternativamente en ambas instituciones.







